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¿Hay que desconfiar de los edulcorantes?

Leí el pequeño debate introducido por Nicolas Lo Bianco sobre el Coca Light y el uso de los edulcorantes que contiene, y quería darles mi opinión porque es un tema sensible y generador de ansiedad que vuelve muy a menudo.

Había sido invitado al programa de Jean-Pierre Elkabbach, en el que estaba el Profesor David Khayat, uno de los oncólogos más prestigiosos de Francia, que venía a hablar sobre la dietética en el cáncer.

Aproveché para hacerle la siguiente pregunta:

Señor Khayat, ¿qué piensa de los edulcorantes? Circulan rumores que dicen que hay que desconfiar de ellos y que podrían ser cancerígenos.

Y él me respondió lo siguiente:

No solo los edulcorantes no son cancerígenos, sino que son anticancerígenos. Y ante mi sorpresa, se explicó:

El azúcar es cancerígeno porque la célula cancerosa, a diferencia de la célula normal, solo puede vivir y reproducirse utilizando glucosa, el azúcar de su sangre. Mientras que la célula normal se alimenta de forma híbrida, ya sea con azúcar o con grasas.

El azúcar facilita la multiplicación de las células cancerosas, su diseminación y la velocidad de aparición de metástasis.

Una multitud de estudios serios sobre los edulcorantes clásicos nunca ha acreditado su papel en la aparición de cáncer en humanos ni en ratones a dosis cien veces superiores a las utilizadas para endulzar la alimentación humana.

Entonces, ¿por qué persisten estos rumores? Porque los comerciantes de azúcar son ricos, poderosos y utilizan agencias especializadas en la creación de rumores. Y es mucho más fácil preocupar a un consumidor que educarlo.

Personalmente, consumo edulcorantes y a veces tomo Coca Light. Pero quienes los temen tienen todo el derecho a no usarlos, pero no a influir en quienes se benefician de su uso para luchar contra el sobrepeso. Todas las estadísticas mundiales afirman sin excepción que el sobrepeso está correlacionado con el cáncer y de manera proporcional: cuanto mayor es el sobrepeso, mayor es el riesgo de desarrollar cáncer.

Espero haberles aportado algunos elementos de reflexión. Y añadiré que, entre mis clientes, he encontrado a un gran número de personas que, sin la ayuda de edulcorantes, refrescos light o chicles, nunca habrían logrado salir de su obesidad y, aún más, de su diabetes.

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